Las autoridades nacionales y europeas están llevando a cabo una gestión de la
crisis que contribuye a agravar las debilidades de las economías europeas y que
resulta contraproducente para reducir los niveles de déficit y de deuda, suponiendo
que esto sea el objetivo realmente perseguido. La gestión de esta crisis
parece más bien ir encaminada a imponer un nuevo modelo competitivo basado
en una mayor restricción salarial y un desmantelamiento de los elementos
centrales del acervo social europeo. Unas políticas económicas que banalizan
y legitiman el mal, a la vez que erosionan los principios democráticos.

 

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AuthorFrancisco Rodríguez Ortiz