Por Doña Verónica del Carpio Fiestas

La sabia frase de Lord Acton “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” tiene muchas interpretaciones. Pero hay una que, ya desde Montesquieu, no ofrece duda: todo poder político necesita control. Un sistema de controles eficaz ante los previsibles, casi inevitables, desmanes del poderoso que ostenta el poder formal -del otro, del poder oculto ante el formal, eso es otra cosa, y mejor ni hablar- exige que intervenga el Poder Judicial y, desde que fue inventado en las primeras décadas del siglo XX, un Tribunal Constitucional o quien haga sus funciones. Los ámbitos de arbitrariedad del Ejecutivo han de ser reducidos al mínimo, y controlados por dos vías, aunque en la práctica eso pueda hacerse, según los países, por los mismos órganos o por distintos...

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AuthorVerónica del Carpio Fiestas